Biociencias

Los temores a un tsunami en el Mediterráneo son realistas

El tsunami del 26 de diciembre de 2004 conmocionó al mundo. Se cobró la vida de más de 225.000 personas de 11 países y recordó al ser humano la capacidad de destrucción de la naturaleza. Este fenómeno horrorizó también a los europeos, especialmente a quienes residen en zonas litorales, a quienes inquietó la duda de si podrían sufrir lo mismo en carne propia. La respuesta se encuentra en un estudio reciente, publicado en Nature Geoscience, que analiza la tectónica de placas del lecho marino mediterráneo, y en el que se sugiere que Europa podría enfrentarse a un tsunami mucho antes de lo que se pensaba.

Para quienes viven en la cuenca mediterránea los terremotos son un fenómeno habitual. De hecho, el llamado 'arco heleno' es considerado por muchos sismólogos la región sísmica más activa de la zona de transición que hay entre las placas de África y Eurasia. Los terremotos se producen cuando estas placas tectónicas chocan o se rozan.

Último tsunami en el Mediterráneo

Gracias a historiadores antiguos se dispone de documentación del último tsunami que azotó la región, el 21 de julio del año 365 de nuestra era. Uno de esos historiadores fue Amiano Marcelino, quien relató lo visto cuando aquel tsunami golpeó la ciudad porteña de Alejandría. Este tsunami fue tan fuerte y devastador que ahogó a miles de personas y destruyó ciudades desde el delta del Nilo en Egipto hasta Croacia, en la costa del Mar Adriático.

Hasta ahora, sin embargo, no se sabía con seguridad la localización precisa y las condiciones tectónicas de este terremoto. La localización del seísmo es importante porque puede ayudar a los sismólogos a predecir de forma aproximada cuándo se producirá el siguiente seísmo. Gracias a indicios nuevos basados en datos de radiocarbono y observaciones de campo del día del tsunami, puede localizarse el epicentro del seísmo. Según observaciones sobre el terreno, el oeste de Creta se levantó hasta diez metros por encima del nivel del mar. Si se combina la distribución de la elevación con datos modernos sobre sismicidad, hay indicios de que el terremoto no se produjo en la zona de subducción que hay debajo de Creta, sino en una falla que desciende a unos 30 grados dentro de la placa superior.

Una subducción es donde se juntan dos de las placas de la Tierra; una placa se monta sobre la otra, la cual se desliza hacia abajo con cierta inclinación hacia el manto del planeta. Las zonas de subducción suelen experimentar un desplazamiento mensurable de unos pocos centímetros al año. A medida que la roca se deforma y se hace quebradiza a mayores profundidades, estas zonas pueden generar temblores titánicos que desplazan tanta tierra que, si el deslizamiento se produce en el fondo marino, se produce una ola asesina.

Tras medir el acortamiento de la corteza de la placa en las proximidades de Creta, algunos sismólogos calcularon que el tsunami del año 365 se repetiría unos 5.000 años después. Sin embargo, si los nuevos datos son correctos y la localización del terremoto anterior es la zona de subducción helena, el período de repetición de terremotos fuertes estaría más próximo a los 800 años. Hasta ahora se pensaba que el terremoto del año 365 se debió a la zona de subducción subyacente a Creta, y a una falla en la placa de encima.

La profesora Beth Saw, de la Universidad de Cambridge, reconstruyó la elevación sísmica del año 365 y la propagación del tsunami resultante a partir de datos de radiocarbono, observaciones sobre el terreno y simulaciones con un modelo.

El último tsunami registrado en el este del Mediterráneo se produjo el 8 de agosto de 1303, y se cree que se originó cerca de la costa de Rodas. Esto indica que la zona de subducción helena puede suponer un peligro de tsunami para el este del Mediterráneo. Y, si el análisis es correcto, puede esperarse otro terremoto de la escala del ocurrido en el año 365 mucho antes de lo que se pensaba.

Fuente: Cordis Noticias

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