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«Fotomaton», la obra que consagra al actor José Gregorio Martínez.

Repensar todos los componentes del sistema dramatúrgico de Gustavo Ott, desde las múltiples articulaciones de la acción dramática, como logro de un talento forjado en la exigencia y en el dominio de varias funciones, unida al gesto en cada uno de los 9 personajes que interpreta. Acercándonos a diferentes historias y realidades…un monólogo gestado en la visión de la familia actual.
Por: Julio C. Alcubilla B.

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En ésta obra del dramaturgo Gustavo Ott se conciben 9 personajes y un planteamiento de monólogos relacionados, distinguidos por una innovadora propuesta de dirección. La cual se basa en el impulso de  la fuerza interpretativa, que se manifiesta con un trabajo sobresaliente,  en la escena del actor José Gregorio Martínez. Cuya solvencia logra  lo que declara su autor "un panorama gracioso, enternecedor y patético de la familia actual". En el mismo se le permite al espectador alternar  entre la  comedia y el drama más personal, la risa estrepitosa y las lágrimas…"Nos recuerda quiénes somos, los prejuicios que desplegamos con alegría y ese sentido de fascismo cotidiano de nuestros actos más sencillos."

Nueve familiares, evidencian el trabajo actoral, propiciando el análisis de su acción dramática en la observancia de varias latitudes del arte. El develador, intenso y poético trabajo dramatúrgico de Ott, constituye un discurso en el que se atraviesa y cuestiona una amplia gama de recursos interpretativos, y a su vez los mismos, el actor José Gregorio Martínez,  nos acerca con su energía en cada personaje a un ritmo y resultado, que nos permite la comunicación cercana, íntima, introspectiva, entre el monologante y el espectador como interlocutor activo. El público es capaz de observar en el desarrollo de su propuesta, las diferentes formas dramáticas narrativas y poéticas de su máscara teatral, manipulando el tiempo y el espacio, hasta valerse de la intersubjetividad como herramienta.

Su escena logra ser determinante desde su inicio, en dos de los principales valores de monólogo dramático: el alma o la conciencia de cada uno de los personajes interpretados: sus pensamientos, sentimientos, aquellas realidades que oculta de los demás, y que son develadas a través de esta misiva casi privada, con el espectador.  Produciéndose por otro lado, una revelación dramática de alto contenido, lograda a través de la  frecuencia y referencias de la memoria, generando un hilo conductor entre uno y otro personaje.

El efecto multimedia, introduce a la escena cada uno de los personajes, como estampas de la memoria narrativa del actor: hombres y mujeres entran, con vestuario y elementos cuidados al extremo y semblanzas semióticas de sus personalidades en contraste. Transiciones extraordinarias y cambios interpretativos se suceden en fracciones de minutos, el actor a través de su acción y acertado modelo interpretativo, logra alcanzar esa gran inquietud que hace del monólogo una propuesta realmente dramática.

Ott, consideró para Fotomatón la acertada visión de que la mayoría de los monólogos dramáticos, de cada uno de estos personajes, se construya progresivamente hacia un clímax dramático resuelto en el final de la obra. Por su parte José Gregorio Martínez, transita entre las distintas modalidades de interpretación, que ha de proponer un monologante consagrado: utiliza la primera persona, o el yo integrado, en aquellos pasajes interpretativos que han de ser fieles a ésta forma dramática. Sin embargo su trabajo más profuso o en el cual devela más su histrionismo, es cuando utiliza la segunda persona, o el yo  encendido, que permite que el espectador alcance observar o profundizar en la división entre "el yo" y "el tú",  enriqueciendo la interpelación. Esto lo logramos observar aún más, cuando en varios de los personajes interpretados en la obra Fotomatón, se hacen preguntas, hilvanando su conversación, trayendo a colación recuerdos y opiniones sobre su conducta.

En definitiva, una suerte de desdoblamiento, entre el personaje que conversa con su "conciencia" o "alter ego". José Gregorio Martínez, no se queda allí, permite que el espectador experimente la enunciación, es decir que nos sintamos parte de la escena, en su mismo espacio y gocemos de la misma situación. Múltiples formas nos atrapan, entre las que distinguimos la interpelación, el silencio interpretativo por parte igualmente del público, debido a la concomitancia de acciones. Logrando así que el lector /espectador siempre sea  interpelado en éste trabajo de monólogo dramático.

Además de ello el espectador logra contemplar una audiencia ficcionalizada, alcanzando autorreflexivilidad, o lo que distinguimos "teatro dentro del teatro". Basando mi valoración en el hecho de que la interpelación propuesta por Ott, dirigida por el mismo, sobre el talento de José Gregorio Martínez, al hallarse suscrita a un destinatario indeterminado, el mismo público, la sociedad, etc., nos alcanza  de manera concluyente, por ser cada una de las historias narradas un planteamiento enlazado a su vez con el contexto sociopolítico e idiosincrasia latinoamericana, y hasta cierto punto, universal de la familia contemporánea. Se nos activan distintas reflexiones o apropiaciones, en los marcos de referencia que tenemos como lector/espectador. Ott por otro lado, nos permite acariciar su verso, de alguna manera el uso del verso como representación del diálogo, no está ausente en ésta pieza. Por el contrario: el ritmo, la cadencia y la estructura van a depender si profundizamos, a partir de ese ejercicio, logra ser identificado por medio de una conciencia del lenguaje teatral, imponiéndose a su vez, la teatralidad del discurso.

Estamos frente a un montaje de ritmo avasallador, contundente en la acción, no exento de lo poético. Esto nos permite que su sonoridad y cadencia nos haga partícipes de lo urbano, de esa representación que a través del texto dramatúrgico y el coraje interpretativo,  nos promuevan lo auténtico y nos acerquen a ese lugar conceptual de la vida de estos personajes. La sonoridad del texto dramatúrgico,  en tal sentido, permite a su vez que el espectador alcance un nuevo nivel de sensibilidad. En el que la realidad mordaz, inquietante y oferente, nos induce a la revisión de: la familia contemporánea, la ciudad, el contexto, la dignidad fragmentada, la violencia que es parte de todos. Por igual la estética de Gustavo Ott,  nos compromete al análisis de esa relación entre el éxito y el fracaso, el poder, la amistad, los prejuicios, el odio y ahora, con miedo, el tema de Dios.
El mismo Gustavo Ott, así se expresa…"mi compañía y el Teatro San Martín de Caracas, una institución ubicada en una de las zonas más pobres de la ciudad, en la cual me gusta que se note en mi obra la influencia de Santana, Chocrón y Chalbaud. Mis paisajes son Venezuela y Latinoamérica. Venezuela es mi dolor, ese sitio donde políticos y funcionarios hablan sólo del poder, de cómo utilizarlo para su beneficio mientras la agenda de la gente es un tema inédito. Mi nación es un concierto de oportunidades perdidas. Si no generamos una poesía dramática al respecto, seremos unos inútiles".

En una próxima entrega, entrevista con el actor

José Gregorio Martínez

Fuente: Julio C. Alcubilla B.-
Artes Escénicas.- TEATRO

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