Miscelánea

¿Cómo entender al espectador contemporáneo inconforme?

Pudiese considerarse una visión personal, que irrumpe en arquetipos de interpretación del hecho teatral y del espacio escénico. Analizando que ésta era tecnológica y su inclusión como elementos de meta mensajes, han de implicar nuestra adaptación al teatro de hoy en día,  colocando a los espectadores como laboratorio de análisis de experiencias y emociones.
Por. Julio C. Alcubilla B.
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Sin duda alguna debemos aceptar que éste género teatral, al contemplar como principal recurso tales prodigios tecnológicos, obvia en gran medida que el teatro nace a partir del hecho de que un actor o actriz, a través del espacio escénico, con sus efectos,  en comunión con el texto, el verbo y el gesto, conectan o no con el espectador. En tal sentido, el arte de la representación, ha de brotar o aparecer impulsando a la acción.

Bertolt Brecht, mantenía un postulado en el que el teatro partía de una serie de reflexiones escénicas,  que propiciaban la acción o cadenas de acciones. Ciertamente existen elementos nuevos, a partir de la dramaturgia contemporánea o en la manera que los creadores de la escena, interpretan o ponen de manifiesto, obras clásicas. Pero es común observar, en muchos montajes teatrales, como se intenta conectar al espectador con la acción, muchas veces desplazando al texto, al verbo y al gesto, por la innovación tecnológica y el dispositivo escénico.

El espectador, muy pocas veces o escasamente se conecta con nuevos planteamientos del mismo, debido a la desconfianza sobre la aparición de elementos renovadores, no conocidos. En tal sentido sería justo analizar que si la búsqueda de lenguajes diversos, de experimentaciones que se caracterizan por su afán vanguardista, en la idea de retar al espectador bajo una serie de efectos, no lo obligan a ser parte de un experimento, dentro de un arte en proceso de construcción o investigación…lo alejan, o tal vez…lo acercan.

Basándonos en éstas conjeturas, sería lícito comprender, que el colocar el acento en la búsqueda de invenciones dentro de la acción escénica, con su abanico de posibilidades de medios de expresión y el hecho de que muchos de nosotros no entendemos o confundimos tales medios, en el contexto real que fueron ideados. Con el fin  de lograr interpretar la acción, nuestra visión se confunde o nos aleja, de los planteamientos concebidos por el creador o creadores teatrales. Pudiésemos preguntar a los mismos, si esa factura de elaborado acento, no tendrá como objetivo pretender disimular el centro neurálgico de la dramaturgia, llevada al manifiesto por el elenco formado para el verbo, gesto y palabra. Encargado de propiciar la decodificación de un espectador, que no necesariamente es culto para comprender o aceptar la acción técnicamente planteada y lograr así, ser cautivado a plena o mediana satisfacción…

EL espectador en su grado de aceptación, sufre un cambio por demás necesario gestado en una realidad compleja, muchas veces desconcertante.  En tal sentido, el propósito o meta, dentro de un análisis profundo de observación artística del dispositivo escénico, debe lograr cambiarlo y extraerlo de su cotidianidad existencial, para incluirlo en una propuesta de características sensibles, que le enseñen como ver el hecho teatral. Y a partir de allí, según apuntaba Patrice Pavis, en su formulación de la teoría de la percepción…."hay que distinguir entre las variaciones o innovaciones profundas que produce el arte, que modifican la percepción y las actitudes psíquicas y mentales, y las modificaciones superfluas que pretenden ser originales; también es necesario proponer una estética dónde ese grado de recepción, sea la materia de interés para el teórico y para el artista".

Como conclusión puedo afirmar, que el arte teatral no está destinado forzosamente a  lograr un cambio de la realidad, sin embargo, alcanza muchas veces que ello suceda. Cuanto más intensos o profundos sean esos cambios, más técnicos o efectistas, su impacto sobre la percepción social, puede llegar a transformar en el espectador su manera de ver, y calar o no en su universo introspectivo. Dentro del mismo sentido, si apenas son distinguibles tales transformaciones, sin son blandas o tolerables solo dentro de la lectura de un arte menor, ese arte tolerado en la mera aceptación o elogiado por los efectos medianamente comprendidos en la escena, no suele transformar al espectador y por lo tanto no trasciende.
 
Particularmente considero, al igual que quienes me han antecedido en reflexiones similares, que el teatro  en Latinoamérica, debe ser partícipe de la transformación del pensamiento, con un lenguaje que le es propio, apuntando sin duda alguna, a la absorción técnica o monumental revisada para nuestra estética expositiva. Contribuyendo a generar en el espectador, un conocimiento que le permita alcanzar una óptica teatral evolucionada. Logrando que en un futuro próximo, rescatemos o formemos un público más desconfiado, escéptico, despojado o desprovisto de muchas de las verdades contemporáneas de carácter efectista, que los han modelado hasta hoy y le han privado de ser desarrollados, como espectador crítico. 

Fuente: Lic. Julio C. Alcubilla B.- ARTES ESCÉNICAS.-

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