Miscelánea

¿Cómo sería el mundo si no hubiese paraísos fiscales?

¿Por qué existen los paraísos fiscales? ¿Cómo sería un mundo sin ellos? Y lo que es más importante: ¿Es posible erradicarlos de la faz de la Tierra? Son algunas de las preguntas a las que vamos a intentar dar respuesta en el siguiente artículo.

Contexto histórico

Por ponernos un poco en contexto histórico, y porque para entender el presente hay que saber de dónde venimos, a pesar de que a algunos les parecerá que los paraísos fiscales son un invento que ha venido de la mano del capitalismo en el siglo XX, no hay nada más lejos de la realidad. Los paraísos fiscales existen desde los albores de la democracia, o más bien, desde la época en la que se concibieron los principios democráticos y culturales sobre los que se han cimentado nuestros sistemas. Una versión de hace más de mil años del habitual «Hecha la ley (o más bien, la fiscalidad), hecha la trampa».

Lo cierto es que, ya en la época de los romanos, era habitual que los ciudadanos más pudientes tuviesen cada uno su pequeño paraíso fiscal bajo tierra. Sí, efectivamente, enterraban dinero y objetos de valor para eludir al fisco, que gravaba las posesiones y bienes, valiéndose de recaudadores de impuestos para escudriñar las viviendas de los ciudadanos a la caza de lo no declarado, y asegurarse que nadie escapaba a aquella versión primigenia del versátil diezmo. Como no podía ser de otra forma, la propia palabra «diezmo» es una voz latina que proviene de la palabra del latín «decimus», y que en principio gravaba por importe del 10% aquellas ganancias provenientes de la producción o del comercio. A lo largo de la historia han ido surgiendo figuras de evasión de impuestos cada vez más sofisticadas, con especial desarrollo en los últimos siglos y décadas.

Que se legisle por el bien común, pero fiscalizando lo ajeno

Ven ustedes pues cómo los paraísos fiscales tienen profundas raíces asentadas en lo más iniciático del culto a la democracia. Parecen estar más relacionados con la naturaleza humana por la que a algunos ciudadanos les gusta que se legisle por el bien común, pero fiscalizando sobre las propiedades y las pertenencias ajenas, mientras se ponen las propias a salvo de los inspectores.

Isla de Nauru: ejemplo tipo de paraíso fiscal en la actualidad

Pero la versión más moderna de lo conocido hoy en día como paraíso fiscal, es decir, lo que puede llegar a ser un pedazo de terruño con cuatro palmeras e infinidad de sociedades fantasma tributando a tipos ultra reducidos, ha llegado a su máximo esplendor en nuestros días. Por ponerles un ejemplo, uno de esos paraísos fiscales típicos es la Isla de Nauru, que con una superficie de tan sólo 21 kilómetros cuadrados y 11.000 habitantes, es el tercer estado soberano más pequeño del mundo.

Este atolón de la micronesia, cuando los yacimientos de fosfato que sustentaban su economía local empezaron a languidecer, decidió en los noventa reinventar su «modelo de negocio nacional» como paraíso fiscal, y sólo en 1998 ya se transfirieron a la isla 70.000 millones de dólares de la época procedentes de bancos rusos. Únicamente los fondos transferidos en ese año ascienden casi 7 millones de dólares (de 1998) por habitante, lo que equivale a casi 10 millones de dólares actualizados de 2015. Pueden leer más detalles en esta noticia de aquellos años. En esta isla, el secreto bancario está legislado de forma incluso más estricta que en Suiza o en las Islas Caimán, siendo calificado abiertamente de asunto de estado.

¿Por qué me detengo con ustedes a resumir estos datos sobre un paraíso fiscal que, aparentemente, tan sólo es uno más de tantos? Pues porque, sin ser mi intención justificar su «modelo de negocio nacional», Nauru escenifica la transición de un país que se queda sin recursos y que, antes que desaparecer o caer en la pobreza, opta por querer ver la única salida para su economía en competir fiscalmente con otras economías para, aportando además leyes laxas y protección legal, atraer el capital muchas veces de dudosa procedencia.

Resulta obvio que lo que le ocurrió a Nauru, que un cambio tecnológico o de otra naturaleza amenace seriamente a su economía, es algo que ha ocurrido muchas veces a lo largo de la historia a muchas otras naciones, y seguirá ocurriendo. Ha de decirse también que éste es un «modelo de negocio» (por llamarlo de alguna manera), que sólo resulta sostenible para economías minúsculas, que además, son fácilmente manejables e influenciables, permitiendo confeccionar un traje legal y fiscal a medida de los interesados. Y no hace falta nombrar que, algunos en su lucha por la supervivencia, y otros a los que no les hace falta ni siquiera verse al límite, siempre va a haber determinados colectivos que acaben optando por vías poco ortodoxas para atraer capital hacia sus entramados. Es la diversidad de la naturaleza humana la que hace que haya países para todo. Y si no los hay, se crean, ¡Será por dinero!

El porqué de su existencia

De todas formas, hay algo que sí que llama poderosamente la atención, y es lo poco que se hace internacionalmente para atajar la proliferación de este tipo de países. Cuando se trata de otros motivos, hemos podido ver cómo ha habido países a los que se les han aplicado embargos severos, pero rara vez ocurre en el caso de los paraísos fiscales, salvo cuando salta la liebre y el escándalo copa las portadas de los diarios de todo el mundo (y a veces ni aun así). Si se preguntan por qué esto es así, simplemente les diré que los conspiranoicos suele cambiar la pregunta de un simple «¿Por qué?» a un perspicaz «¿A quién beneficia que existan los paraísos fiscales?».

¿A quién benweficia que existan los paraisos fiscales?

Por citar algún aspecto positivo, algunos analistas destacan que la existencia de paraísos fiscales fomenta la competitividad fiscal en las economías desarrolladas, evitando que los estados profundicen en su habitual deriva de subir impuestos para tener más recursos de gestionar de una manera u otra. Estaría encantado de contemplar algo así, la competitividad es algo siempre bueno para cualquier agente económico, pues impulsa a mejorar, y evita que los agentes establecidos se acomoden y acuerden repartirse el pastel.

El problema es que yo todavía no he conocido ningún país desarrollado que haya decidido rebajar sus impuestos de forma generalizada para competir con los paraísos fiscales y evitar que el dinero se escape. Más bien he conocido el caso contrario, en el que se dan exenciones fiscales a los que repatrien el dinero y así eludir doblemente al fisco: una vez cuando se fueron, y otra vez al volver. Porque si pueden volver, suelen volver. No acaba siendo demasiado práctico tener un dineral en Panamá y una vida en Europa, con lo que, de esta forma, una vez repatriado, sus dueños podrán disfrutarlo plenamente con las comodidades y posibilidades para gastarlo o invertirlo que da nuestra sociedad y nuestras ciudades.

En cualquier caso, asuman que la economía del lado oscuro también vive en un sistema capitalista, y allí donde hay una necesidad, sea de la naturaleza que sea, siempre va a venir alguien a satisfacerla por un módico precio. Es una perversión de la ley de la oferta y la demanda que justifica para algunos el hacer negocio a cualquier precio. 
Llegados a este punto de comprensión de las causas por las que existen los paraísos fiscales, y siendo además conscientes de que es más que difícil erradicarlos (sobre todo si no interesa), aunque sea bajo el prisma de la idealización, podemos formularnos ya la pregunta del título de este artículo: ¿Cómo sería un mundo sin paraísos fiscales?

Un mundo sin paraísos fiscales

La consecuencia más inmediata y obvia sería que todo el dinero actualmente depositado en los también denominados «Tax Havens», debería aflorar y revertir sobre el resto de las economías. En esta noticia pueden leer cómo la organización no gubernamental Oxfam cifró esta cantidad a nivel mundial en 14 billones de Euros. El impacto sería especialmente relevante en el caso europeo, puesto que dos tercios de dicha cantidad están en paraísos fiscales vinculados a Europa. Repatriar todo este dinero sin duda supondría una inyección importante para las economías europeas, independientemente de si se procede a fiscalizar el retorno o no. Eso sí, sería una asignatura pendiente para Europa demostrar que es capaz de canalizar dicho «bazooka» de flujos monetarios hacia sectores que reviertan en la economía y en el tejido productivo, para que la vuelta a casa no quede en una mera flor de un día.

En el medio plazo sin paraísos fiscales está la casuística interesante

Pero debemos ir un poco más allá en nuestro análisis y tener en cuenta, no sólo las consecuencias más inmediatas, sino también qué ocurriría en el medio plazo. El dinero del lado oscuro ya no tendría donde emigrar, y tengan presente que este dinero opaco no se va a quedar de billetes cruzados y resignarse a salir a la luz y tributar como todo ciudadano; para empezar porque no puede aflorar tan fácilmente al provenir en demasiados casos de actividades ilícitas. 
El escenario más probable es que ese poder de influencia que ejercen por un módico precio sobre, por ejemplo, la Isla de Nauru, pasasen a ejercerlo sobre los políticos de su propio país, seguramente por un precio mayor. Con ello, tal vez se produjese el efecto contrario al deseado, y las cloacas de las economías desarrolladas, en vez de evacuar sus desperdicios rio abajo en un paraíso fiscal, no tendrían más alternativa que hacerlo delante de nuestra propia casa.

Algunos de ustedes estarán pensando que, si bien hay un dinero opaco proveniente de actividades ilícitas que no va a aflorar nunca, erradicando los paraísos fiscales es cierto que el dinero que es lícito, pero que simplemente busca evadir impuestos, no encontraría dónde ir y tendría que acabar tributando como el común de los mortales. Pero tengan en cuenta lo que ya hablábamos antes, estamos diciendo que «Tax Free S.A.» es una sociedad que busca siempre ampliar el negocio y diversificar sus ingresos, con lo que una vez ya desarrollados los mecanismos para saltarse al fisco en favor del dinero ilícito, resultaría muy fácil acabar utilizando los mismos vericuetos legales y no tan legales para, no ya blanquear dinero manchado, sino para que dinero corriente no tributase, o lo hiciese a tipos ínfimos.

Háganse la idea de que entonces la eufemísticamente denominada «ingeniería financiera» entraría en una nueva dimensión dentro de nuestras propias sociedades y economías. La cuestión de si éste es un precio justo a pagar, a cambio de obligar a permanecer a los actores de esta economía paralela en la permanente clandestinidad, es algo que ya les dejo que se contesten ustedes mismos. No obstante tengan en cuenta que seguramente a la mayoría de los afectados poco les importará, y que, una vez hecha la cloaca, a la compañía de aguas le interesa que lleve cuanta más agua mejor. De esta manera no dejarán de tentar a todos sus clientes potenciales, salvo por el grueso de clase media que mantenemos carreteras y hospitales con nuestros impuestos, ya que nos necesitan para que no se les caiga del todo el tenderete.

Fuente: derblauemond – elblogsalmon.com

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba