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¿Podrán las redes WiFi competir con las redes celulares?

En el mundo de la tecnología, un futurólogo no es un adivino, sino alguien que trata de interpretar los signos presentes y las tendencias para imaginar como será el futuro cercano. Algunos de estos visionarios, como Alvin Toffler o Steve Jobs, tuvieron increíbles aciertos en sus anticipaciones. Así que tiene bastante sentido que los operadores de telecomunicaciones presten atención a las intuiciones de los futurólogos de hoy.

Este año, Gavin Wheldon, CEO de la empresa Purple -una de las principales proveedoras de wifi en el Reino Unido- lanzó una «predicción» que suena a advertencia: para él y para el analista Mike Ryan, las exigencias y la creciente cobertura del wifi terminarán acabando con la telefonía celular como la conocemos para el 2025, por lo menos en los países desarrollados y en las zonas urbanas.

El argumento de los analistas es sencillo. Cada vez hay más puntos de wifi público en las ciudades, tanto hubs comerciales como comunitarios, y muchos de ellos ofrecen el servicio gratuito (como puede verse en cualquier restaurante, centro comercial o en los parques cívicos).

Las redes de wifi requieren mucha menos infraestructura. Eso las capacita para atender mejor la enorme demanda de tráfico de datos que comienza a medirse en zetabytes. Tal como Wheeldon señaló para la revista Telecomtech News, a media que entramos en la era de los Zetabytes (solo para alarmarse con las cifras, un ZB equivale a un trillón de gigabytes), las redes de wifi se muestran mucho más capaces que las 4G e incluso que las prometidas 5G.

 

¿Pero qué tan probable es que esto ocurra realmente?

Lo primero que debemos comprender es las limitaciones del propio wifi, una tecnología que nació en 1999 ante la necesidad de crear conexiones inalámbricas compatibles entre distintos dispositivos. Fue así que las empresas 3Com, Airones, Intersil, Lucent Technologies, Nokia y Symbol Technologies se unieron para crear la Wireless Ethernet Compatibility Alliance, o WECA, que desarrolló la norma IEEE 802.11b, bajo la marca WiFi. Con este estándar, el usuario tuvo por primera vez la garantía de que todos los equipos que tenían el sello WiFi, podían trabajar juntos, independientemente del fabricante.

La norma IEEE 802.11 fue diseñada para sustituir a las capas físicas y MAC de la norma 802.3 (Ethernet). Esto quiere decir que en lo único que se diferencia una red wifi de una red Ethernet (cableada) es en la manera como se transmiten las tramas o paquetes de datos; el resto es idéntico, lo que es posiblemente su principal fortaleza y, para algunos expertos, uno de sus tantos lastres.

La redes wifi son muy compatibles, versátiles y rápidas; con el paso del tiempo se han venido perfeccionando tecnológicamente. Durante este tiempo han emergido las versiones A, B, G, N, entre otras.  Sin embargo, sus defectos se mantienen, pues en conserva su diseño y filosofía original, por lo que siguen siendo frágiles, congestionables, interferibles y colapsables.

Cualquier persona que sea usuario de wifi, especialmente en lugares públicos, ha presenciado como a medida que crece el número de usuarios conectados la conexión comienza a fallar, e incluso puede colapsar. La primera de muchas causas para esto es la limitación del espectro, pues estas redes utilizan la banda libre, ya sea en 2.4 gH o en 5.8 gH. Es decir que los usuarios conectados terminan compartiendo la misma frecuencia y que a medida que el número de redes aumenta, ya no solo se compite por el uso del espectro (congestión), sino también con el ruido que generan las demás redes (interferencia).

Otros factores son la poca distancia de conexión soportada, la perdida de paquetes, la latencia que producen las señales de rebote, fallas en la seguridad, problemas de suplantación de los SSID (Service Set Identifier), entre muchas otras debilidades.

Por su parte, las redes de telefonía móvil celular (GSM), ya sea de segunda (EDGE), tercera (3G) o cuarta generación (LTE), son redes muy robustas, que utilizan su propio espectro. De esta forma, la distribución es mucho mas ordenada y con menor congestión. También permiten mayores distancias de conexión, mayor seguridad y una gestión del tráfico mucho mas eficiente, mediante un inteligente sistema de roaming entre antenas, gestionadas y controladas por un mismo operador, lo que garantiza un servicio con un nivel de disponibilidad muy superior. Si bien es cierto que las velocidades aún son limitadas, futuros desarrollos, como el 5G, prometen mayores capacidades a medida que el mercado las demande.

Por todo lo anterior, si bien el análisis realizado por Gavin Wheldon no es del todo descabellado, pues la inminente penetración del wifi es indiscutible, al igual que la forma en que ha colonizado nuestras vidas, los problemas históricos que han caracterizado estas redes, al igual que su poca capacidad histórica para reinventarse y subsanar sus propios problemas, la sigue dejando en desventaja frente a las redes celulares. Por lo menos los hechos no permiten prever que estas destronarán a las redes celulares del mercado que ya han logrado colonizar.

Posiblemente lo que sí presenciaremos en los próximos años será el fortalecimiento del wifi como sistema complementario de acceso a Internet. A medida que sigan creciendo las redes celulares y las conexiones fijas de acceso a Internet, el wifi crecerá, pues ha demostrado ser una muy eficiente extensión de otro tipo de conexiones.

Se estima que para finales de esta año 2018, en el mundo, habrá un punto de wifi por cada ocho personas. Por supuesto, la distribución de estos puntos no es ni será homogénea, y mientras en algunos lugares la cobertura de wifi gratuito será casi universal, en enormes regiones del planeta y en la mayoría de las zonas rurales será muy deficiente, lo que mantendrá a las redes celulares como una alternativa para los datos.

Con un crecimiento anual de 18%, se espera que el mercado wifi global sea de 33.6 billones de dólares para 2020. El crecimiento implica también una gran promesa para los planes de democracia digital de muchos gobiernos.

Por su parte el mercado de líneas de telefonía móvil celular ya superó en número a la población mundial, y según la consultora Deloitte alcanzó este año las 8 millones de líneas -lo que incluye duplicidad por usuario-. Se calcula que tres cuartas partes de la humanidad tienen acceso a un dispositivo de este tipo, doblando el número de personas que utilizan tarjeta de crédito y cuadruplicando a los que poseen una computadora. Se calcula que esta industria representa el 3.5% del producto interno bruto global

Ya sea por wifi, LTE, 5G u otra tecnología que aparezca en los próximos años, algo está claro: las redes inalámbricas son el futuro. Su demanda será cada vez  mayor, por lo que ofrecer servicios inalámbricos de calidad es uno de los desafíos tecnológicos que los Telcos deberán enfrentar en los próximos años. En todo caso, las compañías que logren mantener la ecuación Internet + Inalámbrico + Calidad + Bajo Costo, serán las que triunfen en este competido mercado.

Fuente: Gabriel E. Levy / Sergio A. Urquijo M. – andinalink.com

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