Inclusión y ciber-libertad

Reflexiones sobre la globalización

El autor: Jordi SiracusaAyer hizo un espléndido día de primavera a pesar de estar a finales de febrero. Me senté para observar a unos niños que jugaban, no serían más de docena y media y sin embargo, pude contar hasta tres razas diferentes y varias etnias. Trataban de imitar a sus ídolos futbolísticos pateando un balón de reglamento de cierta sonora marca, fabricado en cualquier país asiático, las camisetas y sudaderas lo eran de tres o cuatro conocidas multinacionales.

Al término del partidillo – sin vencedores y vencidos – comenzaron las conversaciones. Éstas giraron en torno al nuevo software incluido en una de las consolas portátiles de cierto fabricante de naipes japonés de finales del siglo XIX y que se hizo famoso con la baraja de la flor. Otro grupo comentaba algunos de los programas que ese fin de semana ofrecía la televisión, entre ellos una famosa película de la factoría DISNEY.

Uno de los críos, pecosillo, con inconfundibles rasgos Incas y acento suave y dulzón del Quechua, pero en perfecto castellano, conversaba con un mocete de pelo ensortijado y con el; deje porteño de la milonga -también hubiese podido ser un porteño de Valparaíso o de Veracruz; peruanos, chilenos, mejicanos, argentinos, que más da, todos con las mismas camisetas-. Pues bien, el pecoso le preguntaba al de los rizos: ¿Pero tú sabes que es eso de la globalización? El otro se encogió de hombros y sonrió mientras bebía un sorbo de la chispa de la vida.

Aquella tarde reflexioné sobre la pregunta del chaval ¿La respuesta debe darse bajo el punto de vista economicista o cultural, filosófico o tecnológico? ¿Se trata de una propuesta integradora o fagocitante? ¿Progresista o capitalista? ¿Dependiente o emancipadora? ¿Nueva o antigua?
Podríamos decir que todo empezó tratando de eliminar las fronteras económicas y los aranceles para conseguir que los mercados fuesen lo más amplios y rentables posibles. Un modelo de mercado único e interdependiente basado en los conceptos del capitalismo.

La globalización no sólo unifica mercados, también lo hace con las sociedades y las culturas, imponiendo una serie de transformaciones sociales, económicas y políticas que les dan ese carácter global

Pero siguiendo esos parámetros, la globalización no sólo unifica mercados, también lo hace con las sociedades y las culturas, imponiendo una serie de transformaciones sociales, económicas y políticas que les dan ese carácter global. Los modos de producción y de movimientos de capital se configuran a escala planetaria.
Paralelamente, la tecnología, sobre todo la de la Información y las Comunicaciones, con el fenómeno de Internet, invita a unificar pensamientos y modos de ver la vida. El desarrollo masivo del ordenador personal, tan presente en el trabajo y el hogar, facilitan el acceso al conocimiento y a la información, padre y madre del saber.

Sin embargo, nada es nuevo bajo el sol, la historia está llena de acciones globalizadoras, intentos de imponer una cultura común y planetaria. Hay el modelo ateniense que trataba de 'exportar' su forma de gobierno y sus libertades y que  Pericles,  definía muy bien ofreciendo su ciudad a todos: 'En nuestra ciudad entra por su importancia cualquier mercancía desde cualquier punto de la tierra, y los productos originados aquí no los disfrutamos como más propios que los que proceden del resto de la Humanidad' (Oración Fúnebre a los atenienses caídos en la guerra del Peloponeso). No pretende el bueno de Pericles que el mundo sea Heleno, trata de disfrutar lo mejor de cada cultura. Alejandro el Magno quiso extender dominios y abrir nuevas rutas comerciales; sin embargo, buscó mantener la idiosincrasia y la cultura de los territorios conquistados, es más, él mismo adoptó actitudes y reglas de sus nuevas posesiones.

Roma ya es otra cosa, su vocación imperial le conduce a romanizar todo el mundo conocido. Impone cultura, lengua, modo de vida, costumbres y dioses y no le importa condenar al ostracismo y a la desaparición, el conocimiento y las raíces de los lugares dominados.
Sin ir tan lejos, todas las religiones monoteístas de peso -véase cristianismo o islamismo- tienen vocación universal. Igualmente los movimientos políticos y sociales plantean sus postulados con soluciones globales. Salvar a la humanidad sea por la vía teológica o política se convierte en el objetivo máximo ¿No es todo esto un claro exponente de globalización?

¿Qué les hubiese contestado a esos críos del parque? ¿Debí decirles que ya están, si saberlo, inmersos en la globalización? ¿Qué se olviden de su aldea Andina y de su puerto Bonarense, porque cuando vayan allí serán sólo un reflejo, una copia de tantos pueblos y de tantos puertos europeos o americanos?

En el nuevo paisaje surgido con la caída de la Unión Soviética, los agentes económicos encuentran un terreno favorable para generar interrelaciones entre los mercados de todo el mundo y las Empresas Multinacionales están en óptima situación para aprovechar el momento y convertir al mundo en un escenario común.
Frente a todo eso surge el MRG o Movimiento de Resistencia Global. Un fenómeno internacional en el que convergen militantes de partidos progresistas, sindicalistas, organizaciones no gubernamentales, sindicatos y una multitud de grupos que ven en la globalización el triunfo de las tesis capitalistas y la desaparición de la personalidad de los pueblos.

Fue precisamente a través de Internet y durante los Encuentros Intercontinentales por la Humanidad y contra el Liberalismo, organizados por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZNL), en 1993, cuando los zapatistas consiguieron unir a los distintos grupos anticapitalistas y pusieron en marcha una red internacional de solidaridad que no ha dejado de crecer. La figura del encuentro de Seattle -donde el 30 de noviembre de 1999, se concentraron más de 50.000 personas- de jóvenes encapuchados, con el pañuelo zapatista, subidos a las señales de: prohibido girar a la derecha, dio la vuelta al mundo.

Y ahora surge la pregunta: ¿Qué les hubiese contestado a esos críos del parque? ¿Debí decirles que ya están, si saberlo, inmersos en la globalización? ¿Qué se olviden de su aldea Andina y de su puerto Bonarense, porque cuando vayan allí serán sólo un reflejo, una copia de tantos pueblos y de tantos puertos europeos o americanos?

Tal vez deba contarles que todas las cosas tienen su justa medida y que el análisis debe hacerse con la seriedad que requiere el tema.
En el pasado, las fuentes del saber estaban en grandes bibliotecas vedadas al pueblo. Más tarde, los templos de la cultura quedaban reservados para las minorías pudientes, el acceso a la Universidad de la clase trabajadora era precario e insuficiente. Hoy, la información y la comunicación están al alcance de casi todo el mundo – hablo del primer mundo -. Un clic de ratón puede transportarnos a la sabiduría de  gentes del otro lado del planeta. Nuestro poder adquisitivo – sigo hablando del primer mundo – es capaz de cubrir las primeras y las segundas necesidades… y algún que otro capricho, sea música tailandesa, películas de Holywood, sedas chinas o frutas caribeñas. Sin embargo y a cambio de todo esto deberemos aprender inglés, seguir los dictados de la moda, los de la publicidad y permitir que se forren las multinacionales.

La pobreza es desgraciada no por la ausencia de posesiones, sino porque invita al desánimo en la lucha por salir de ella

Con este gesto condescendiente permitimos que se beneficien de la globalización otros pueblos, esencialmente en Asia, que en una sola generación han superado la lucha diaria por una vivienda, una ropa y una comida. La globalización, el mercado libre y el libre comercio han sido, para algunos, el camino para erradicar la pobreza. Pero para otros, por ejemplo África, la globalización les sigue siendo nefasta.
Por tanto, debo decirles a mis ausentes niños que todo no está tan claro y que para que otras generaciones no se vean obligadas a salir de sus aldeas, tendremos que lograr  una sociedad más justa y un reparto equitativo de la riqueza, y para ello hay que controlar el poder de las multinacionales y el de los grandes grupos financieros.

La diferencia de riqueza entre países ricos y pobres no disminuye, sigue creciendo. Cuanta más información, más comunicación y más clics de ratón damos, más grande se hace ese espacio entre ricos-sabios y pobres- ignorantes, porque la sabiduría actual no está en conocer la historia de la tribu ni que plantas medicinales curan la fiebre de los pantanos; la actual sabiduría está en conocer los mercados; saber, confidencialmente, los futuros cambios urbanísticos; negar un precio justo a los remedios contra el sida; explotar los recursos de las tierras subdesarrolladas.

A golpe de bienestar se nos olvidan los que sufren, pero ellos no pueden olvidarlo. El choque de civilizaciones no está entre los que se santiguan con la derecha, los que lo hacen con la izquierda o los que miran hacia La Meca, el verdadero conflicto está entre los que comemos y los que no pueden hacerlo. Hay que fortalecer la interdependencia, evitando la sumisión, tenemos que reafirmarnos en valores universales de respeto a la vida y a los derechos humanos; que lleguen las ventajas de la globalización, pero a todos. Decía el sabio Pericles en la continuación de su Oración Fúnebre: …y le atribuimos a la pobreza; una única desgracia real. La pobreza es desgraciada no por la ausencia de posesiones, sino porque invita al desánimo en la lucha por salir de ella.

RUNASIMI: idioma del hombre, idioma humano, idioma de la gente.

Fuente: Jordi Siracusa – otromundoesposible.net

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